Fingir o permanecer, esa es la pregunta
“ Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Juan 14:13
Cuando Juan comió el librito (en Apocalipsis
10:10), sintió la dulzura inicial en su boca, pero luego amargó su vientre.
Las preguntas que vas a leer a
continuación pueden tener el mismo efecto.
¿Estoy haciendo lo que hago para la sola gloria de Dios? ¿No he
instalado inconscientemente trampas de orgullo en mi interior? ¿Mi
comportamiento cuando predico su Palabra -verbalmente o por mis actos- es para
su Gloria, y nada más?
¿Estoy malgastando el intento de vida espiritual en vanas demostraciones
de fe? ¿O he puesto en el centro de toda la expiación que mi Señor hizo por mí?
¿Es Jesucristo el quien domina los
intereses en mi vida?
SI el punto central de todo hacer es el sacrificio de mi Cristo por mí,
entonces cada cosa que hago llevará mucho fruto para EL.
Debemos detenernos a pensar cual es el centro de poder: ¿me tomo un minuto
de los sesenta de cada hora para pensar: “Si ustedes permanecen en mi”? y luego
continúo actuando y pensando desde ese centro para que “pide lo que quieras y
te será concedido”.
¿Estoy permaneciendo en El?, ¿sus Palabras permanecen en mí?
¿Cuál es el mayor factor de poder en mi vida? ¿Es trabajo, servicio,
sacrificio por los demás? ¿Estoy realmente procurando trabajar para
Dios?
Lo que debe ejercer mayor presión en mi vida es la Redención de mi
Señor. No son las cosas que en la que gastamos la mayor parte del tiempo las
que nos moldean, el más grande elemento es el que ejerce el mayor poder.
Debemos determinar el límite de lo que hacemos y concentrarnos en lo que somos
afines.
“Pedid todo lo que queráis y os será hecho” EL discípulo que permanece
en Cristo está en el centro de la voluntad de Dios, y su aparente libre
albedrío son los decretos preestablecidos por el Altísimo.
¿Misterioso?
¿Contrario a nuestra lógica? ¿Contradictorio? ¿Absurdo?
Sí a todo lo de arriba, pero la gloriosa verdad para un santo, apartado
para Dios

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