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Fingir o permanecer, esa es la pregunta

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  “   Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Juan 14:13   Cuando Juan comió el librito (en Apocalipsis 10:10), sintió la dulzura inicial en su boca, pero luego amargó su vientre. Las preguntas que vas a leer a continuación pueden tener el mismo efecto. ¿Estoy haciendo lo que hago para la sola gloria de Dios? ¿No he instalado inconscientemente trampas de orgullo en mi interior? ¿Mi comportamiento cuando predico su Palabra -verbalmente o por mis actos- es para su Gloria, y nada más? ¿Estoy malgastando el intento de vida espiritual en vanas demostraciones de fe? ¿O he puesto en el centro de toda la expiación que mi Señor hizo por mí?  ¿Es Jesucristo el quien domina los intereses en mi vida? SI el punto central de todo hacer es el sacrificio de mi Cristo por mí, entonces cada cosa que hago llevará mucho fruto para EL. Debemos detenernos a pensar cual es el centro de poder: ¿me tomo un minuto de los sesenta de...

La voz

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        La voz Y salieron de sus escondrijos como quienes emergen de una tormenta de arena, sacudiéndose la desesperanza de siglos de silencio, sucios por fuera y por dentro, derrotados, cansados de su miseria. Venían de la dilatada provincia, de las afueras de la ciudad, de los campos resecos. En sus miradas, la agonizante luz que les dejaran sus ancestros brillaba de a ratos, como lumbre soplada para que no muera, un punto encendido dentro del diminuto rescoldo de bordes oscuros. Los movía la noticia: un harapiento desconocido había aparecido en el camino del desierto.  Para quienes llevaban esperando cuatrocientos años la voz del Yo Soy, aquella figura singular era la esperanza misma. Pregonando, alzando la voz entre serpientes y escorpiones, cada día se acercaba al riacho con un solo mensaje: ¡arrepiéntanse! Desempolvaron los anaqueles de la memoria, las historias por siglos repetidas alrededor del fogón familiar, por si alguien recordaba algo parecido...

Cirugía a corazón abierto

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  Cirugía a corazón abierto —No tiene caso operar—, dijo el cirujano. —Debemos intentarlo—, rogó la familia. —Está hecho una piedra, necesita un corazón nuevo—fue el fatídico diagnóstico del galeno. —Yo le doy el mío— respondió la mamá, con lágrimas en los ojos. —Señora, hemos analizado en profundidad los órganos de todos los parientes y amigos que se ofrecieron, y no hay uno que no padezca de la misma dolencia. Es inútil. El doctor se retiró dejándoles la amarga sensación de lo inevitable. Es más, ahora se sumaba la condena individual, la certeza de que todos estaban igual. Era lunes, posterior a domingo de Pascuas, y el cirujano tenía una semana llena de consultas y operaciones por delante. La fatídica sentencia resonaba en el aire como enjambre de mosquitos, inexorable: “está hecho una piedra, necesita un corazón nuevo”. El siguiente diagnóstico era peor: “...no hay uno que no padezca de la misma dolencia”. No sólo el enfermo, les afectaba a todos. En el nuevo milenio sufriero...